viernes, 19 de junio de 2020

Javier Zuloaga i el banquer insubmís




L’editorial Caligrama publica la cinquena obra del periodista i escriptor bilbaí Javier ZuloagaLos palos que da la vida és la història d’un economista d’èxit que, en truncar-se la seva carrera, es veu arrossegat a un món on prenen protagonisme els grups antisistema i les revolucions populistes.






lunes, 15 de junio de 2020

CRÓNICA GLOBAL: "QUIENES ABRAZAN EL POPULISMO, SACAN PARTIDO DEL MIEDO"

Somos POPULISTAS o somos enemigos de nosotros mismos? | ContraInfo.Com

El periodista, que acaba de publicar su quinta novela, reflexiona sobre los cambios en el mundo de la comunicación, las redes sociales y las incertidumbres que provoca la crisis

Anna María Iglesia

“No entiendo que la gente acepte que la denominada nueva normalidad, signifique lo que
signifique, sustituya a la situación anterior a la pandemia”, dice por teléfono Javier Zuloaga,
que acaba de presentar su quinta y última novela, Los palos que nos da la vida (Caligrama),
donde reflexiona sobre el populismo, el poder de las redes sociales y los movimientos
antisistema. “Tenemos que aspirar a volver a estar como antes, aunque no todos opinan lo
mismo”. Zuloaga es periodista. Ha sido corresponsal en Portugal y Marruecos. Trabajó en la
agencia EFE, fue redactor jefe de La Vanguardia y, más tarde, director de comunicación de La
Caixa. Afirma que “en cuestión de libertades” estábamos muy bien antes del coronavirus: “No
debemos olvidar que precisamente lo que nos jugamos ahora es la libertad”.

–El título de su nueva novela, Los palos que nos da la vida, describe muy bien las
sensaciones que hemos vivido con la pandemia del Covid-19

–El título proviene de un dicho popular que escuchaba mucho cuando era un niño. Mi madre
solía decirlo. Decidí que la novela llevaría ese título hace más de tres años, antes de que
sucediera todo esto. Lo que sí es verdad es que se puede aplicar perfectamente a lo que estamos
viviendo ahora, aunque también hay que decir que los palos que estamos recibiendo son mucho
más importantes y duros de los que yo describo en la novela y que sufre el protagonista.
Nuestros palos son colectivos, no individuales.

–Su protagonista debe hacer frente a errores cometidos en el pasado. ¿Hasta qué
punto esta pandemia también nos obliga a enfrentarnos, eso sí, a nivel colectivo, a
nuestros propios errores?

–Individualmente todos nos enfrentamos, antes o después, a los errores cometidos. De esta
manera, no solo no volvemos a repetirlos, sino que aprendemos una lección. La asunción de
errores colectivos es más complicada, puesto que implica ponerse de acuerdo en torno a la idea
de que una determinada cosa es un error para gente de distintos signos, ascendencia e intereses
económicos, sociales y políticos. No digo que no sea posible, al contrario; diría, incluso, que es
deseable, pero no es fácil. Ya veremos qué pasa. No seamos agoreros. Lo que sí creo es que la
pandemia está provocando que nos demos cuenta de que, si bien el Covid-19 es un problema
sanitario, en la nueva normalidad que se deriva de él están en juego otros elementos que no
tienen que ver con la salud y sí con nuestra vida social y política. Como te decía antes, están en
juego nuestras libertades. De hecho, hay colectivos que se están organizando para poner
demandas por una supuesta vulneración de libertades. Y esta sensación está aumentado a
medida que pasan los días.
–¿Es posible hablar de libertad absoluta? ¿La supuesta vulneración de libertades
no es una muestra de responsabilidad hacia la sociedad y la salud colectiva?
–Son dos cuestiones distintas. Evidentemente, hay un factor de responsabilidad y de respeto
hacia nosotros mismos con respecto a los que viven a nuestro alrededor. En este sentido, es una
cuestión de civismo. Sin embargo, el civismo llevado a su extremo, sobre todo si no está
justificado, se convierte en una suerte de populismo. Los humanos somos gregarios por
tendencia, nos gusta sentir que formamos parte de un grupo y me da la impresión de que a veces
se nos trata precisamente así, como si todos formásemos parte de una manada que actúa tal y
como se le indica

–El populismo es una de las cuestiones políticas que más ha tratado en sus
novelas.

–Sí, Los palos que nos da la vida es mi quinto libro y es la tercera vez que abordo este tema. En
parte, lo retomo a través del personaje de Laia, que apareció por primera en la tercera novela.
Ella es catalana y aquí la hago viajar a Madrid. Tengo que confesar que disfruto mucho leyendo
y escribiendo.

–¿La literatura le da una libertad que no encontraba en el periodismo?

–La literatura me da muchas cosas. Yo trabajé ocho años en la agencia EFE y, además, fui
becario en Europa Press. Durante ese tiempo escribía con el rigor que te exige trabajar en una
agencia de noticias, donde no se puede poner ni una coma de más ni una coma de menos. Sin
embargo, muchas veces, sobre todo cuando fui corresponsal en Lisboa o en Marruecos, al
terminar de escribir una noticia, pensaba en cómo hubiera sido la noticia si los hechos hubiesen
sido distintos. Imaginaba que con otro final la noticia hubiera sido distinta, incluso mejor. En
esos momentos, aunque no de forma consciente, ya rondaba en mi cabeza la idea de que cuando
tuviera tiempo me dedicaría a escribir novelas. He escrito cinco. La primera de todas, escrita
entre el 2000 y el 2001, está sin publicar; todavía no sé qué haré con ella. Muchos periodistas
llevamos dentro.

–Más de una vez se ha dicho que el periodismo puede llegar a ser una forma de
literatura.

–Efectivamente. Hay periodistas que escriben crónicas o columnas que ya quisieran muchos
escritores firmar.

–En su novela observa el papel que tienen las redes sociales. ¿Cómo ha cambiado
la manera de consumir información con su llegada?

–Yo tuve la suerte de matricularme en la UOC y hacer un máster sobre la sociedad de la
información diseñado por el ministro de universidades, Manuel Castells. He de decir que
Castells predijo al milímetro lo que iba a suceder. Es admirable el conocimiento que tenía y,
sobre todo, la intuición que tuvo a la hora de pronosticar lo que estamos viviendo hoy en lo que
a la información se refiere. La nueva red de información de la que disponemos en la actualidad
es positiva, lo que pasa es que la información que circula por estos canales y que podemos
consumir desde cualquier tipo de plataforma puede ser cierta o no. Es decir, el problema que
tenemos es que los contenidos informativos que circulan no siempre son ciertos porque no
siempre se comprueba su veracidad.

De ahí que las fake news estén a la orden del día. No hay que creérselo todo, pero tampoco hay
que dramatizar. No es recomendable leer solo las noticias horrorosas. Si una persona tiene
interés por saber si lo que ha leído es cierto o no, lo mejor es recurrir a Google. Es una
herramienta fantástica que te permite conocer los titulares del Washington Post, de El País,
de Le Monde, de la Agencia EFE o de Crónica Global. Hoy todo es accesible y creo que lo
mejor para estar informado es acudir a los medios con una marca propia: Europa Press, El
País, La Vanguardia, Crónica Global, Avui o Ara. Cuando accedes a la información a través de
estos medios sabes su procedencia, conoces el sesgo del medio en cuestión –nacionalista, de
derechas, de izquierdas– y, por tanto, eres consciente de su enfoque. El problema aparece
cuando no se conoce la procedencia de la noticia, por muy divulgada que sea.

–El problema se agrava cuando determinados partidos políticos, desde Vox a
Trump, construyen sus discursos políticos a partir de noticias falsas.

–Efectivamente. Es una absoluta falta de ética. Los programas políticos deberían ser diseñados
por los partidos, aprobados por el congreso y ser presentados públicamente a la sociedad para
cumplirse. Esta es la teoría, pero no en la práctica. A todo esto, se suma que muchos políticos
intentan no dar la cara. El otro día Trump compareció ante los medios porque le convenía decir
algo ante las revueltas que están teniendo lugar en Estados Unidos, pero, si no es por
conveniencia, Trump se comunica por twitter. En España pasa lo mismo; sabemos lo que dice el
señor Casado a través de sus tuits como sabíamos lo que pensaba el Rivera porque lo expresaba
igual. Sinceramente, creo que esta manera de comunicarse por parte de los políticos no es buena
para la sociedad.

–Hablando en Twitter escapan de las preguntas de los periodistas.

–Totalmente de acuerdo. En una rueda de prensa el político no solo no sabe qué le van a
preguntar, sino que se enfrenta a periodistas que insisten hasta poder hacer la pregunta que
quieren. Con Twitter el político evita todo esto y los medios simplemente reportan lo que ha
dicho. Por eso Mariano Rajoy, que a priori no daba el perfil de usuario de nuevas tecnologías,
utilizó mucho Twitter. Y es una pena. Creo que habría que hablar menos, pero más
profundamente y siempre con periodistas delante.

–Hablando de las redes sociales ¿no habría que preguntarse cómo el periodismo
se ha dejado llevar por ellas?

–El periodismo, entendido como medio de comunicación, no puede ignorar lo que sucede en las
redes. Esto es así. Si Trump dice algo en twitter hay que hacerse eco de ello. No queda otra. Yo
creo que lo que están haciendo bien los medios no es tanto meterse en redes sociales sino
digitalizarse. Hoy en día puedes escuchar la Ser desde cualquier dispositivo y en cualquier
momento, no necesariamente a la hora en que se realiza el programa que te interesa. Los medios
deben aprovechar el formato digital, empezando por las radios y terminando por los periódicos.
La gente tendrá que acostumbrarse a pagar un poco para acceder a una información de calidad.

–Los periódicos han alimentado la idea de que la información era gratis.

–Sí, es cierto. Los periódicos fueron gratuitos en Internet mientras sus cuentas no se veían
afectadas. Con la bajada de la venta en papel y la caída de la publicidad, tras la crisis del 2009 –
no me quiero ni imaginar el desplome publicitario en estos días de pandemia–, ¿cómo van a
pagar los sueldos? De ahí que los periódicos hayan tenido que volver a mirar el valor a la
información y obligar a que quien la quiera consumir pague. Evidentemente, se paga por una
suscripción digital un precio mucho más bajo del que se pagaba en papel. Todo esto por lo que
se refiere a los periódicos, pero déjame que haga un inciso: el medio de comunicación que no se
ha visto afectado por estos cambios es la radio. Más allá de que haya momentos del día en que
todos escuchamos la radio, en el coche, en la ducha... es un medio que tiene mucha vida. Se
adapta a cualquier formato.

–Usted ha sido corresponsal muchos años. ¿Cómo valora que, con las sucesivas
crisis, se hayan cerrado tantas corresponsalías?

–Es una pena. Los grandes medios siguen teniendo corresponsalías, pero se han cerrado
muchas y, en parte, han sido substituidas por la figura del freelance. Una periodista catalana,
Gemma Parellada, firmaba el otro día una crónica desde Nigeria. Hay que ser muy valiente, pero
existen periodistas audaces, como Gemma, que son freelance, trabajan para todos los medios
que pueden y envían información desde el extranjero. La figura que sí ha entrado en crisis es la
de fotoperiodista, puesto que hoy en día con un buen teléfono puedes hacer buenas fotos, así
que son los propios periodistas quienes las hacen, sin necesidad de un fotoperiodista
profesional.

–Usted trabajó en la agencia EFE. ¿Qué opinión tiene de la destitución de
Fernando Garea, que acusó al Gobierno de querer “meter la mano”?

–En el caso de Garea fallaron las formas. Al presidente de EFE se le puede cambiar sin
problemas, pero hay que hacerlo bien. EFE fue fundada en 1939 por Serrano Suñer y, de hecho,
muchos la tacharon como la agencia de noticias de Franco. Yo trabajé en ella entre 1977 y 1978,
justo cuando se discutía la Constitución. Siempre ha sido un medio muy respetado por todos los
partidos políticos, habiendo tenido directores y equipos excepcionales que han cuidado las
formas, siempre asépticas, a la hora de informar, así como las fuentes. Estamos hablando de una
agencia creada por quienes ganaron la guerra civil, pero, a pesar de esto, siempre fue respetada.
Yo no puedo decirte nada malo de ella, más bien al contrario.

–¿Por qué crece el populismo?

–Por el contexto en el que nos encontramos. En la Alemania de entreguerras el populismo
encontró un perfecto caldo de cultivo en la pobreza por la que pasaba el país. Así pudo llegar al
poder democráticamente y conducir a Alemania y al mundo a la peor de las tragedias. Algo
similar pasó en Italia y, después, en Argentina con Perón, aunque no con la violencia que se
vivió en Europa. Hoy en día el populismo está presente en diferentes países, empezando por
Hungría, pero también en Italia o Inglaterra, donde Boris Johnson vendió el Brexit de una
forma populista. Y luego está Trump, del que todo lo que se diga es poco. Quienes abrazan el
populismo sacan partido del miedo, pero hay que ser consciente de que, si la sociedad está
asustada o se siente temerosa por cuestiones económicas, como es la situación que vivimos, y te
presentas como salvador, te conviertes en un oportunista, además que en un populista.

En Crónica Global hace cosa de una semana publicásteis un artículo de Rosa Cullell
titulado Madrid no nos mata. Yo trabajé catorce años con ella en La Caixa y me parece muy
acertado lo que decía al alertar sobre el peligro del nacionalismo, el etnicismo y el racismo. Era
un artículo oportuno porque cerca de nosotros están esas actitudes, que se desprenden del
nacionalismo. Cuando hablo de nacionalismo me refiero tanto al catalán como al que representa
Vox, cuyos discursos sobre la patria me ponen los pelos de punta. Se apropian de un concepto de
país y de patria, así como los otros se apropian de una fecha para convertirla en el símbolo de
una parte de los catalanes. Lo recuerdo perfectamente: cuando llegué a Barcelona, en 1989, el 11
de septiembre era una festividad de todos; ahora lo es solo para algunos. Me da mucha pena, la
verdad.

sábado, 13 de junio de 2020

HERALDO DE ARAGÓN: JAVIER ZULOAGA O LA CAIDA HACIA LA NADA DE UN JOVEN ECONOMISTA


El escritor y periodista bilbaíno, afincado en Cataluña, publica su quinta novela, ‘Los palos que da la vida’, un libro de amor, fracaso y revelación

·       ANTÓN CASTRO 

Javier Zuloaga (Bilbao, 1952) ha recorrido medio mundo, con la literatura y con el periodismo y ahora, a sus 68 años, reside en San Cugat. Intenta dar salida un montón de curiosidades: acudía hasta la pandemia a las clases de la Universidad Autónoma, donde se ha matriculado en Historia Contemporánea, estudia idiomas, desea aprender a tocar la guitarra de la mano de algunas canciones de Joaquín Sabina, al que califica como “un poeta que cuenta historias”, y practica la independencia personal. “Los partidos políticos son importantes para la democracia, pero a mí me gusta ser libre, decidir por mi cuenta”, dice.

A la par dice que a veces se deja convencer por las recomendaciones de Amazon en algunas lecturas; habla maravillas y no para de la novela policíaca ‘La suerte de los idiotas’ de Roberto Martínez Guzmán, aunque su nómina de lecturas va más allá: ha vivido como si fuera una película ‘La madre de Frankestein’ de Almudena Grandes, “qué gran escritora, tiene un poder narrativo deslumbrante. Me encanta”, es entusiasta de los libros de Miguel Delibes -“viví en Valladolid varios años, allí mi padre dirigió ‘El diario regional’ y lo conocí”, dice-, y cita otras pasiones: Ignacio Aldecoa, Mario Vargas Llosa e Isabel Allende...

Había publicado cuatro novelas en el desaparecido sello El Aleph y ahora aparece la quinta, en Caligrama: ‘Los palos que da la vida”, donde cuenta la historia de un hombre, bien situado y que distrufa de distintos niveles de éxito, al que de golpe le empiezan a salir mal las cosas. “¿Que qué tipo de novelista soy? No es fácil decirlo. Me gusta contar. Todos mis libros son un poco distintos. Empecé en 2005 con ‘El hombre que pudo ser libre’, y allí la materia narrativa nacía de mi fantasía, de muchas cosas que había oído en mi infancia en Bilbao y que me había acompañado desde entonces. En ‘La isla de los Rebeldes’, de 2009, transcurría en la isla de San Gregorio, perdida en un lugar inconcreto del Caribe y abordaba, entre otros asuntos, algo que me interesa mucho: el populismo, un movimiento que surge cuando las cosas van peor, que hemos visto en Venezuela, en Cuba o en otros lugares. 

En ‘Librería Libertad’, 2011, que transcurre en el Raval, aparecía una joven Laia, de la burguesía catalana, con ideas propias. Y ese personaje reaparece en mi nueva novela”, explica. Cuando apareció este libro confesó: "Mi vida ha sido leer y escribir".


Juan García es el protagonista de ‘Los palos que da la vida’. Es un joven bien formado que trabaja en un banco de Madrid y que triunfa social y laboralmente “sin darse cuenta de todo lo que tiene a su alrededor. De la vertiente humana. De repente, por varias circunstancias, todo le empieza a ir mal, comete errores, y en ese viaje hacia la nada descubre la manipulación de las emociones colectivas, la soberbia, la venganza, y descubre la reacción de tribus urbanas o de colectivos sociales que no podía esperar.

 Era como si hubiera pasado por la vida como si darse cuenta. Hasta entonces había sido un cándido, había pecado de ingenuidad. Y esa falta de picardía social es la que le empuja a cometer equivocaciones y recibir inesperadas bofetadas de la realidad, y se convierte en una suerte de antihéroe que debe buscar el camino hacia la madurez”, matiza
Javier Zuloaga parece refractario a avanzar algo más del argumento de su novela, que también es una novela de amor y desamor. “En la trama también es importante un asunto de faldas. Juan García entabla una relación con una mujer vinculada a su profesión: ella trabaja en un banco de su familia y esa relación marcará mucho al protagonista”, desvela. “Hasta ahí puedo decir”, subraya. Hay otras cosas: una mirada social, una reflexión sobre los medios de comunicación y las redes sociales y esa especie de obsesión de varias de sus ficciones: el populismo.
“Piense por ejemplo en Venezuela. Tengo familiares que fueron a trabajar allí en pleno apogeo del petróleo, en los tiempos de Rafael Caldera. Era el paraíso de la economía; de repente todo se vino abajo y surgieron esos movimientos que tan bien descritos están en ‘La hija de la española’ de Karina Sainz Borgo, que revela algo que nos invita a pensar: los populismos se abren paso en medio de la miseria y las grandes crisis de la sociedad”, señala. Mira hacia España. “Piense en Podemos, también. Ahora ya se institucionalizado e incluso gobierna, pero es un movimiento o un colectivo que nació en la calle, del descontento social”.
También defiende el buen periodismo y advierte contra las ‘fake news’ que llenan el móvil “de fantasías y noticias delirantes que parecen inventadas por mentes diabólicas que ven una conspiración universal por todas partes”.








lunes, 8 de junio de 2020

EL IMPARCIAL: "ESTAMOS EN UNO DE LOS MOMENTOS DE MAYOR Y PEOR POPULISMO"

Lunes 08 de junio de 202013:17h
Javier Zuloaga ha publicado su quinta novela, "Los palos que da la vida"(Caligrama, 2020), un libro que reflexiona sobre la libertad del ser humano y los movimientos sociales a través de su protagonista, Juan García, quien tiene que adaptarse continuamente a los cambios o palos que se presentan en su vida personal y profesional.

Juan es un hombre normal impulsado por la inercia social. Siempre camina sin mirar a su alrededor hasta que un día todo su mundo se desmorona y descubre la realidad de las calles. Desde entonces, se sucederán una serie de acontecimientos imparables que le obligarán a readaptarse una y otra vez.

Preguntado sobre la coincidencia del título de su novela con el momento actual, Zuloaga reconoce a este diario que, "aunque todo el mundo está recibiendo bastantes palos" con la pandemia del coronavirus, este tema "no guarda relación con el argumento". Sin embargo, defiende que en sus páginas se habla sobre lo que estamos viendo y lo que aún nos queda por ver.

En este sentido, recuerda que escribe sobre el populismo, "uno de los grandes problemas que tiene la sociedad actual". "La manipulación y sacar partido a las desgracias sociales es algo que, desgraciadamente, está a la orden del día", opina. De hecho, se atreve a decir que "actualmente estamos en uno de los momentos de mayor y peor populismo que nos podíamos imaginar". 

"A mí lo de la nueva normalidad me sobrecoge un poco. Es un término que no me acaba de convencer", asegura. "La gente lo repite y los medios lo utilizan como si existiera desde hace mucho tiempo: es una suerte de slogan que camina a convertirse en una realidad y cuyo contenido no está claro que sea ni bueno, ni esperanzador…ni mucho menos atractivo", profundiza. Así, considera que esta nueva expresión "debería servir para corregir todos aquellos aspectos que pueden ser mejorables respecto a lo que antes teníamos" y no para el "borrón y cuenta nueva" que, desde su punto de vista, se está asumiendo.

Zuloaga aborda también en su novela el error relativizar los problemas cuando uno está en su zona de confort. Sobre este aspecto piensa que "en la vida hay que aspirar y trabajar para triunfar, pero sin dejar de mirar a los lados": "Juan nunca mira hacia abajo desde la ventana de su despacho y hay que tener en cuenta que el mundo es mucho más grande". De este modo, insiste en que "mientras tú vas subiendo no puedes dejar de mirar lo que ocurre a tu alrededor porque, como el protagonista, puede ocurrir que caigas por el plano inclinado de la vida y descubras cosas que ya existían pero en las que antes nunca te habías fijado".

"A partir de esos errores, Juan García empieza a descubrir cómo es la vida", explica el autor, que señala que el personaje principal de su quinta novela, a pesar de triunfar como economista, no se libra de "los palos que da la vida, porque a todos nos puede sacudir una mala racha".

Otra de las cuestiones en la que se detiene son las redes sociales. Como escritor y periodista, cree que lo importante aquí es "saber separar el grano de la paja". A pesar de aceptar que son "una vía comunicación", al mismo tiempo dice que han sido "una fuente de intoxicación muy preocupante". Reitera que por las redes sociales "va todo" y, por ello, reivindica la marca de los medios de comunicación como garantía de verdad en estos tiempos: "Que Efe sea Efe, El Imparcial sea El Imparcial, La Vanguardia sea La Vanguardia, como garantía de que la noticia es verdad, para no dejarse infectar".

Javier Zuloaga trabajó ocho años en la Agencia Efe y dirigió diarios como La Voz de Castilla o El Día de Baleares y al dar su visión acerca de estos cambios tecnológicos en la profesión, pone el foco en la importancia del periodismo ante las informaciones falsas que circulan en las redes: "El periodismo tiene que seguir existiendo por encima de todo, ya que la maldad puede sacarle provecho a esto", afirma.

Por ello, ante una situación de crisis sanitaria como la de ahora, advierte de que el populismo es "uno de los defectos que más afectan a la sociedad en la que vivimos en estos momentos".

No obstante, cree que todos los gobiernos deberían sacar una lección de este virus: "El coronavirus debería ser un aviso para todos los gobiernos que se han visto con los dedos pillados". Así, señala que, a partir de ahora, "gobiernos como Estados Unidos, Reino Unido o España deben echarle imaginación y trabajar para tener siempre en un cajón planes de emergencia: deben pensar en qué es lo peor que nos puede pasar y elaborar un protocolo de actuación".

https://www.elimparcial.es/movil/noticia/213873/cultura/zuloaga:-estamos-en-uno-de-los-momentos-de-mayor-y-peor-populismo.html

jueves, 28 de mayo de 2020

¿LA NUEVA NORMALIDAD?…MEJOR VOLVER A LA NORMALIDAD




Este es un término, “la nueva normalidad”, que nos han acuñado cuando ha llegado la pandemia, el Covid 19, y que se ha convertido en algo sobrentendido. La gente lo repite y los medios lo utilizan como si existiera desde hace mucho tiempo. La “nueva normalidad” ha ido sustituyendo sutilmente, en el lenguaje político, mediático y en la comunicación coloquial, a la normalidad en la que vivíamos antes de la pandemia. Es una suerte de  slogan que camina  a convertirse en una realidad y cuyo contenido no está claro que sea ni bueno, ni esperanzador…ni mucho menos atractivo.

Todos hemos de aceptar, claro está, que el poder destructivo de esta pandemia pasará factura a nuestro bienestar. Faltaría más. Como la han pasado otras situaciones difíciles o muy difíciles en nuestra historia reciente.

Lo que estamos viviendo es sobrecogedor y por ello hemos de afrontar lo que nos vendrá encima desde nuestras fortalezas, sin bajar la guardia ni renunciando a los fundamentos sobre los que hemos construido nuestra “normalidad”- 

Escribo esto porque me preocupa,  me inquieta y me pregunto por ello cómo se quieren definir los perfiles de esa “nueva normalidad”. De qué manera van a hacerlo.

Me asusta pensar que se defina y se dibuje en un marco de miedo y de indefensión general en el que se tomen decisiones invocando, de manera trascendental, el “bien general” … o que todos saldremos reforzados. Me asusta porque pudiera ser, ¡ojala me equivoque!, que sean decisiones de emergencia  que nos vengan impuestas de forma arrolladora y que nos la anuncien una y otra vez, desde una gran asamblea popular

Yo, como ciudadano, pienso que lo que debemos hacer es sencillamente aferrarnos a recuperar la normalidad

¿Por qué?

Pues porque nuestra normalidad, esa que a veces parece que es agua pasada, es la suma de muchas cosas importantes, de conquistas, de libertades y sobre todo de derechos individuales y colectivos en todos los órdenes, en el civil como ciudadanos, en el profesional y laboral, en el empresarial, en el cultural…..

Y esa suma ha de ser intocable, incluso en las emergencias sanitarias en las que, en cualquier caso, se debería hablar de paréntesis, sólo de paréntesis.

AGENCIA EFE: "LA MADUREZ SE TIENE CUANDO TE DAS CUENTA DE TUS ERRORES"

Toni Conde Molina


Barcelona, 27 may (EFE).- El periodista y escritor Javier Zuloaga presenta en su última novela, "Los palos que da la vida", la historia de un economista de éxito social y profesional que "deberá espabilarse para darse cuenta de sus errores" y alcanzar la madurez, ha explicado el autor en una entrevista con Efe.

"La madurez se tiene cuando te das cuenta de tus errores", resume Zuloaga al referirse a la trayectoria del protagonista de su novela, Juan García, un economista con una preparación académica impecable en Estados Unidos que es nombrado directivo de un banco en Madrid: su carrera es una historia de éxito social, profesional y económico.

Sin embargo, una cosa es la preparación académica, y otra "espabilarse en la vida para no cometer errores, y por ahí es por donde Juan García tiene algún que otro problema", apunta Zuloaga.

"A partir de esos errores, Juan García empieza a descubrir cómo es la vida", explica el autor, que señala que el "antihéroe" que protagoniza su quinta novela, a pesar de triunfar como economista, no se libra de "los palos que da la vida, porque a todos nos puede sacudir una mala racha".

Estos errores son los que permiten al protagonista "distinguir lo más sencillo, que a veces es lo más complicado" y descubrir "cómo es la soberbia, cómo se trata a los insumisos, cómo son los falsos movimientos sociales que dicen defender a los más miserables y solo están haciendo lo que les conviene".

Zuloaga cita un dicho para explicar estos aprendizajes vitales: "Esto solo se aprende a palos. Es una gran verdad, aunque no sea una frase demasiado académica, pero es verdad que la vida nos enseña qué es lo que tenemos que hacer en todos los órdenes de nuestra existencia".

"Los palos que da la vida" (Caligrama) también reflexiona acerca de las redes sociales y la velocidad de los cambios a nuestro alrededor: "No critico la sociedad de la información, que nos ha dado una vías de comunicación de valor incalculable, pero nos ha alejado del contacto cara a cara", reflexiona el autor bilbaíno.

En estos tiempos de coronavirus de los que nadie escapa, Zuloaga valora que "las redes sociales han sido una vía comunicación", pero al mismo tiempo han sido "una fuente de intoxicación muy preocupante".

Javier Zuloaga es periodista -trabajó ocho años en la Agencia Efe y dirigió diarios como "La Voz de Castilla" o "El Día de Baleares"- y al dar su visión acerca de estos cambios tecnológicos en la profesión, pone el foco en la "fiabilidad" del periodismo ante las informaciones falsas que circulan en las redes.

"¿De dónde sale esta información que me ha llegado por WhatsApp? Es una pregunta que nos hacemos todos", se cuestiona Zuloaga, que reivindica la marca de los medios de comunicación como garantía de verdad en estos tiempos: "que Efe sea Efe, El País sea El País, La Vanguardia sea La Vanguardia, como garantía de que la noticia es verdad, para no dejarse infectar".

Otra de las reflexiones de este libro -un problema que Zuloaga ya había abordado en su segunda y tercera novela- es el del populismo, puesto que "vivimos en un mundo de populismos, que son unos grandes manipuladores de las emociones y de las desgracias que vive la gente".

"Cuando existen unas emociones no satisfechas de un grupo social, esto es un campo abonado para que el populismo intente buscar esas emociones que les favorezcan políticamente", defiende el periodista, que recuerda que "esto es así desde hace muchísimo tiempo. Las personas somos un poco gregarias".

El populismo surgiría, según Zuloaga, solo cuando las cosas van mal: "Cuando las cosas en un país van bien, no encontrarás populismo. Yo creo que el populismo surge cuando las cosas van mal, soy así de categórico", remarca el autor.

Por ello, ante una situación de crisis sanitaria como la de ahora, el fantasma del populismo vuelve a sobrevolar, como advierte Zuloaga, quien piensa que "las condiciones se dan, aunque yo cruzo los dedos para que no ocurra".

Antes de "Los palos que da la vida" Javier Zuloaga había publicado"El hombre que pudo ser libre" (2005); "La Isla de los Rebeldes" (2009); "Librería Libertad" (2011) y "El Caso Ruglons". EFE.


LA VANGUARDIA.-


ELDIARIO.ES.-

https://www.eldiario.es/cultura/Javier-Zuloaga-madurez-cuenta-errores_0_1031697432.html

DIARIO DE NAVARRA.-

https://amp.noticiasdenavarra.com/cultura/2020/05/28/madurez-das-cuenta-errores/1049832.html

CONFIDENCIAL DIGITAL.-

https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/la_guinda/javier-zuluoaga-quinta-novela/20200528172748145827.html?utm_medium=email&utm_source=Newsletter&utm_campaign=200529&utm_term=A%20Javier%20Zuloaga%2C%20por%20su%20quinta%20novela&&utm_content=email&&

EL IMPARCIAL._

https://www.elimparcial.es/movil/noticia/213873/cultura/zuloaga:-estamos-en-uno-de-los-momentos-de-mayor-y-peor-populismo.html



miércoles, 20 de mayo de 2020

NOTA DE PRENSA DE CALIGRAMA SOBRE LA NUEVA NOVELA

El bilbaíno Javier Zuloaga reflexiona sobre las libertades, las miserias y las injusticias en su novela Los palos que da la vida

 

El periodista y escritor indaga también en la interpretación del éxito social y económico y en los peligros de no saber afrontarlo.

La editorial Caligrama publica Los palos que da la vida, la historia de Juan García, un hombre normal impulsado por la inercia social que generan las ciudades caóticas, que se ve arrastrado por el éxito al ser nombrado directivo en un banco de Madrid. Comenzará entonces una sucesión de cambios imparables que le harán ver que vivía en una ilusoria serenidad emocional. La trama levanta un espejo delante de los lectores y les pregunta qué quieren hacer con sus vidas. «Cuando acabé de escribir sobre lo que le ocurre a Juan García pensé que un buen titular sería el que da nombre al libro, porque seguramente esa frase pasó por su cabeza cuando las cosas se le torcieron», dice el autor.

Javier Zuloaga es periodista. Cuando estudiaba en la universidad, la Sociedad de la Información sonaba a ciencia ficción, pero hoy es una realidad que mueve las comunicaciones diarias entre los ciudadanos del mundo. El autor reflexiona en su libro sobre las redes sociales y la velocidad con la que todo cambia a su alrededor, o alrededor del protagonista: los barrios cambian, la gente se relaciona menos debido a la digitalización de lo cotidiano, y entonces las falsas apariencias juegan un papel importante y preocupante. El protagonista de la novela es un antihéroe del que todos se aprovechan, pero no es el único, porque es una víctima más del sistema de los gobiernos.
En una entrevista concedida a Caligrama, el autor habla de los paralelismos de la obra con la crisis mundial actual:
P. El título de la novela es contundente y refleja lo que le pasa a su protagonista. Es curioso que Los palos que da la vida salga a la luz a la vez que se da en el mundo una de las situaciones más inciertas y traumáticas de la historia.
R. Lo he pensado en más de una ocasión. El libro ya estaba impreso cuando estalló la pandemia, pero, aunque no hubiera sido así, creo que no hubiera optado por cambiar el título. Se trata, al fin y al cabo, en cualquier caso, de una opción que refleja lo que el lector leerá más adelante.
Lo que sí ha provocado esa coincidencia es una reflexión sobre lo que estamos viendo y lo que aún nos queda por ver. La verdad es que hay algo que me preocupa especialmente: lo que leemos en los diarios y vemos en televisión es un mal asunto, no solo en lo sanitario sino también en lo sociológico. Creo que están en juego nuestras libertades y que vivimos en un campo abonado para los peores populismos. Piénselo: vivimos en un estado de vigilancia y puede ser que volver a vivir con normalidad no sea ya lo mismo. Incluso desde el Gobierno español se ha acuñado el término «nueva normalidad» como algo novedoso, y casi casi todo el mundo lo ha comprado, pero a mí me inquieta, me quita el sueño.....
  

CALIGRAMA ENTREVISTA A JAVIER ZULOAGA

Eres periodista y posees un enorme bagaje de escritura en prensa, pero ¿cuándo tomaste conciencia de tu vocación literaria?
He ejercido el periodismo en diarios, agencias de prensa, radio, televisión…Creo que en muchas ocasiones pensé que aquella noticia hubiera sido mucho más atractiva si el final hubiera sido diferente o los protagonistas hubieran actuado de otra manera. Nos ha pasado a todos los periodistas y algunos hemos decidido convertir aquella reflexión en una novela. Es mágico.....

lunes, 18 de mayo de 2020

Europa Press: Zuloaga aborda el papel de las falsas revoluciones en su quinta novela, 'Los palos que da la vida'

 


   MADRID, 18 (EUROPA PRESS)

   Javier Zuloaga ha publicado su quinta novela, 'Los palos que da la vida' (Colección Talento- CALIGRAMA), que gira en torno a las falsas revoluciones y el oportunismo de aquellos que medran sobre las miserias y sacan provecho de las injusticias.

   Esta novela de ficción, que tiene formato de relato en primera persona, vuelve a contar con el personaje de Juan García como antihéroe a quién el autor describe como "un ingenuo que decide contar en su libro, 'Los palos que da la vida' qué es lo que le ha pasado" y que se sumerge de nuevo en el mundo de los antisitema, las tribus urbanas y los okupas, viajando por Madrid (su ciudad natal), así como Buenos Aires, las Azores y París.

   Como explica Zuloaga, este libro "es una novela distinta", en la que ha tratado de "encontrar ese difícil equilibrio de narrativa íntima y no caer un estilo coloquial que resulte finalmente poco literario", de la mano de un personaje que abre los ojos y aprende "lo que pasa cuando se vive sin hacerlo". "En esta historia Juan descubre lo implacable que es a veces la soberbia de aquellos frente a los que no te muestras sumiso", añade el autor.

   Esta es la tercera de sus cinco novelas en las que el populismo vuelve a tener un protagonismo especial pues, como recuerda Zuloaga, en la segunda, 'La Isla de los Rebeldes', un veterano profesor de humanidades y un periodista inconformista protagonizaban una historia en la que los intereses petrolíferos aparecían como grandes manipuladores de las emociones rebeldes de los habitantes de la isla del Caribe donde se desarrollaba la acción.

   En la tercera, 'Librería Libertad', una novela coral con trama, aparecía por primera vez Laia Santaulla, altoburguesa catalana que sueña con la revolución, personaje que vuelve a aparecer en 'Los palos que da la vida', donde se cruza con Juan García desde su mismo papel revolucionario, dentro de un movimiento social que tiene gran peso en el argumento.

   Preguntado por la coincidencia del título de la novela con la situación actual que se vive por la pandemia, Zuloaga ha recordado que "el libro ya estaba impreso cuando estalló la pandemia, pero aunque no hubiera sido así, creo que también hubiera optado por él porque es un reflejo válido de lo que ocurre en el argumento".

   "Antes que nada hemos de ser cívicos, solidarios, prudentes, pero al mismo tiempo debemos saber luchar no sólo contra el virus, sino también contra las manipulaciones. Y esto no es fácil porque vivimos instalados en un mundo en el que cuesta distinguir lo cierto de lo falso, donde no hay transparencia y sí demasiada confusión, no pocas veces malintencionada", alerta.

   "En algunos momentos creo que están en juego nuestras libertades. Ahora va a resultar que vivíamos en un mundo muy avanzado que estaba dejando atrás a quienes no estaban al corriente de los últimos avances. Todo era imparable, pero mire por donde era también sumamente frágil porque ha bastado un virus para frenarlo todo en seco o incluso para echarlo hacia atrás", concluye.

martes, 28 de abril de 2020

SALE A LA VENTA "LOS PALOS QUE DA LA VIDA", MI QUINTA NOVELA


"Kepa", como se hacía llamar en las redes sociales, agitaba su puño gritando ¡Libertad! desde aquella antigua sede de los sindicatos franquistas en  la calle Embajadores de Madrid,  que había ocupado con otros antisistemas, también encapuchados. Su vida era una vertiginosa sucesión de cambios desde que una interpretación inocente del éxito profesional como directivo, en un banco, le llevó a un callejón sin salida....

Acaba de salir a la venta "Los palos que da la vida", que Javier Zuloaga ha editado con Caligrama-Penguin Random House. Es su quinta novela, tras "El hombre que pudo ser libre" (El Aleph 2005); "La Isla de los Rebeldes" (El Aleph 2008); "Librería Libertad" Libertad" (El Aleph 2011) y "El caso Ruglons, (El Aleph 2013).

Madrid, al arranque del tercer milenio. Juan García ha crecido en la carrera para llegar siempre el primero a lo más alto. Tiene que triunfar. Mientras lo consigue no mira hacia los lados para ver que ocurre en la vida, ni tampoco, cuando ya lo ha hecho a esa sociedad que está a sus pies, veinte pisos abajo de su despacho en la sede central del banco del que es directivo, en la plaza de Callao en Madrid.

Son calles, lugares y gentes en los que nunca se ha detenido a pensar ni imaginar, porque él vive su propia vida. No sabe, aunque lo irá descubriendo, que ese mundo es entendido de maneras distintas, con prioridades diferentes: el individuo, el pueblo, la revolución, la calle… y las emociones colectivas, sobre todo estas últimas, son el gran botín en disputa.

“Los palos que da la vida” es un relato en primera persona en el que novelo  sobre  la frialdad del mundo del dinero, sobre la petulancia, acerca de las falsas apariencias y en ese populismo que se ha colado en todas las maneras de pensar. Su personaje entra, desde su ingenuidad,  en mundos muy distintos… en una empresa muy endogámica  y en las venganzas por despecho, entre otras circunstancias tan reales y posibles.

Le he situado en Madrid, donde nació y creció y le he hecho viajar a Buenos Aires, a las Azores y a  París.

Se ha sumergido en el mundo de los antisistema, las tribus urbanas, los okupas…como podría haberlo hecho en la ultraderecha de aires imperiales, esa que levita cuando se escucha. En esta novela el protagonista ha hurgado en las falsas revoluciones… en ese oportunismo que se da en aquellos que medran sobre las desgracias, que sacan provecho de las injusticia y que desaparecen cuando esas miserias ya no existen... hasta que toca reaparecer. 

Juan García es un antihéroe muy verosímil.

PARA COMPRAR LA NOVELA

Caligrama.-

https://www.caligramaeditorial.com/libro/Los-palos-que-da-la-vida.htm/

https://www.amazon.es/dp/8418104252/ref=cm_sw_r_wa_api_i_PUwMEb2PHD7XK










lunes, 20 de enero de 2020

"LA EMOCION TRAICIONA A LA RAZÓN"



Sí, esta frase la escuché el domingo por la mañana mientras me duchaba. Era el programa “A vivir que son dos días”, de Javier del Pino (SER), en el que se explicaba lo que suele pasar cuando alguien se decide a saltar en paracaídas desde una avioneta por primera vez. “La emoción traiciona a la razón” decía para resumir ese momento en el que, pese a que sabemos que todo está perfectamente preparado y es difícil que nos pase algo, una fuerza interior nos deja desarmados  frente al miedo.

Pues si, ya sé que la vida no es exactamente como una caída en paracaídas -aunque a veces se nos pueda llegar a antojar así- pero la contundencia de la frase, “La emoción traiciona a la razón” me ha llevado a situarla en otros contextos, más en concreto en el escenario de los grandes movimientos sociales que un día si y otro también aparecen al “ojear” lo que cuentan en el mundo digital o -cada vez menos- hojear las páginas de los libros de historia o las de los periódicos.

Lo cierto es que las emociones colectivas -hablo ahora sobre las que nos llegan cuando tenemos los pies en el suelo y no en una caída libre- se han convertido en el gran denominador común y en el objeto de deseo de quienes buscan llegar cuanto antes a la meta, aupándose para ello en sentimientos y situaciones de injusticia, agravio o cabreo general…que sin duda existen y lo seguirán haciendo. 

Como también están ahí las de las de signo contrario, las alegrías, la sensación de bienestar o, ahí es nada, la mismísima felicidad. Pero estas últimas vuelan solas y no están cotizadas en los mercados del oportunismo político, porque no ofrecen, para nada, la rentabilidad de un gran descontento cuando es bien manejado.

Haciendo bandera de las primeras -las injusticias, los agravios…- es muy tentador señalar con el dedo, pública y multitudinariamente,  a esos responsables a los que hay que echar a un lado para que las cosas se arreglen de una vez por todas. La historia y la geografía están llenas  de capítulos de movilizaciones sociales, muy especialmente desde que el mundo se hizo industrial. Y ya más recientemente -y de forma más fulminante- cuando  el desarrollo tecnológico ha eliminado,  para casi todos, las distancias físicas. Conéctate, twitea, chatea o apúntate a esas cascadas de canales que te dicen, antes de que ocurra, en donde y a que hora se va a producir ese fenómeno en el que el mar arrasa con la tierra tras un movimiento sísmico. Basta con que tengas un móvil.

Es una mina para el marketing político  o un lastre para esa responsabilidad  que cabría suponer en quienes se nos ofrecen como hombres de estado, sea cual sea el territorio en el que pensemos. Si, me refiero a ese país que nos dibujan cuando nos piden la confianza al ir a votar y que no mucho después se parece bastante poco al que ponen en marcha. O a ese paraíso imposible en el que muchos llegan a creer porque su invocación les toca la fibra del arraigo con la tierra en la que nacieron y han crecido. Si, una emoción con la que no se debería jugar porque a veces no casa bien con la razón.

A lo largo de los últimos siete meses, desde que publique en este blog mi último artículo, he hecho dos cosas. He acabado de escribir una novela que me estoy autoeditando y de la que les hablaré pronto por si se animan a leerla. Mi protagonista se llama Juan García, es un ingenuo, un iluso, que un día comienza a descubrir como era de verdad  la vida en la que antes casi no se había detenido.

Y he leído. 

“En el retorno de los chamanes”, Víctor Lapuente hace buenas reflexiones sobre la política, alejándose de forma clara del barullo y la demagogia y elevándose por encima de localismos hispanos e ibéricos. Dice que la diferencia entre el buen y el mal gobierno reside en quien controla la retórica política de un país. Y que esa retórica puede estar controlada por quienes llama “chamanes”, que buscan seducir a los ciudadanos con proyectos siempre progresistas, con propuestas grandes, lentas, contraproducentes y que a veces asfixian a sus ejecutores. O bien la opuesta, la vía “exploradora”, realista, humilde, universalista, viva, rápida y en revisión permanente por los profesionales de los público


Una gran teoría, pero en cualquier caso una buena muestra de sentido común, de razón, sin duda bien documentada en su experiencia de politólogo y profesor en universitario en Escandinavia. Difícil de imaginar aquí porque  vivimos en un país que sabe mucho, tal vez demasiado de la cultura de seducción.

Javier Zuloaga

sábado, 20 de julio de 2019

LA DECEPCIÓN



“Pesar causado por un desengaño”, de esta manera define la Real Academia de la Lengua Española la palabra “decepción”, un término que siempre he llevado mal. Ni la tristeza, ni siquiera el mismo dolor, que lastran la vida a cualquiera que los padezca – a todos porque de ellos  nadie se libra- me han hecho pensar que sean tan trascendentes como la palabra sobre la que hoy escribo.

Vivimos en un mundo de sueños e ilusiones, las que nosotros mismos nos creamos  y también las que escuchamos y vemos sobre mundos fantásticos, acerca de soluciones perfectas a todos los problemas, incluso los más enrevesados. 

Nos llegan dentro de un diluvio mediático cada vez más sofisticado en el que la inmediatez pesa, en no pocas ocasiones, más que la certeza, que la verdad. Es ese complejo mundo digital ante el cual todos hemos acabado hincando la rodilla, desde los estrategas de comunicación de la Casa Blanca, hasta el señor o señora que viaja junto a nosotros en el metro y aprovecha para echarle un vistazo a las fotos de los nietos que le acaban de hacer llegar a su Whats o hurga en Twitter, para ver por donde van las soluciones a los problemas más peliagudos, esos que creemos que son más acuciantes.

Y además movemos el dial de la radio para escuchar lo que sentencian los  opinadores, o nos sentamos en el sillón del salón para escuchar las noticias de los informativos, e incluso leemos los diarios…o ahí es nada, nos tragamos debates electorales en los que la descalificación del contrincante es estratégicamente más importante que la explicación que los candidatos proponen para que en este país las cosas vayan algo mejor.

Y nos calentamos la cabeza en discusiones con esas personas con las que, un tiempo atrás, compartíamos buenas carcajadas hablando acerca de cosas de la vida que son más trascendentales que todo eso que anda revuelto en el saco de la política.

Si, ya he llegado a donde me proponía, amigo lector y voy a sentirme mejor, o menos mal, repitiendo una afirmación que mi madre, una bilbaína de mucha enjundia, nos lanzaba cuando habíamos hecho algo mal, fatal.

-¡Que decepción!

Pues si, ahora entiendo a mi madre –un poco tarde- cuando abro la ventana de la actualidad política y veo, con enorme decepción, de qué manera los partidos  por los que hemos votado son incapaces de coincidir en soluciones o salidas para todos nosotros. Si, hablo de España y lo hago desde Cataluña, en la que también, además de decepción, comparto una inquietante preocupación por la división social.


Javier ZULOAGA